Es extraño cuando intentas decir lo que sientes y son tantas palabras que no sabes cómo ni cuándo decirlas, ‘menos palabras y más corazon‘ me digo incompetentemente, es imposible no sentir miedo al abrir la boca… Es imposible clasificar, ordenar, priorizar palabras, cuando todos los sentimientos intentan salir al unísono, para dar forma a un sentimiento único, un sentimiento extraño e inexplicable… Es simple y estúpidamente innecesario charlanear sobre lo que sientes, aún cuando sabes que si no lo haces estás perdido, estás muerto, eres una puta existencia sin sentido… te pudres por dentro.
No sé quién dijo que las lágrimas sólo corren por tus mejillas cuando sufres. Llorar es una demostración de que estás vivo, de que sientes… buscas respuestas, estás incompleto. Nadie sufre por eso, el sufrimiento es un término tan ambiguo como la libertad o la felicidad… Llorar es el camino a la realización, el camino para saber quiénes somos realmente, porque si no existiera el llanto, tampoco existiría la felicidad ni el alivio al abrir tus ojos.
‘Los hombres no lloran… Mi abuelo siempre me lo recordaba.‘ escucho de la boca de un amigo, que, convencido de su propuesta, me mira con una cara entre sonriente y burlesca.- Levanté mi cara y lo miré con mis ojos aún húmedos y enrojecidos.
‘Los hombres… sí lloran‘, le digo con la voz quebrada, y mirándolo directo a la pupila, y seguro de que no rompía ningún esquema… Después de todo, no era más que un pobre tipo, ebrio y de poca importancia, que intentaba hacer llegar su mensaje a los demás, ese mensaje que escondía cuando volvía a despertar, al amanecer o cuando el sol hacía que ocultara su cara bajo los mismos dedos que habían creado y destruído.
‘Entonces, eres más débil de lo que pensaba.‘ ¿Más débil?… lo dudo.
El mirar las ramas de los árboles danzando como si nada importara, atravesando las siluetas de los putos perfiles de los faroles iluminando vagamente la noche, disfrutando de la brisa de la fría noche en el desierto me hacía disfrutar aún más el hecho de tiritar aún bajo mi chaleco y pantalones… Quiero ser vida, quiero ser viento, quiero ser agua, quiero ser todo lo que no he sido.
No necesito atención, tampoco miradas… Siempre llevo conmigo la necesidad de contemplar mi alma, de encontrarme con esos ojos profundos que hacen que los vellos de mi cuello se ericen, que se me nuble la vista y que escuche esa melodía perfecta, esa melodía que me hace danzar y quedar preso en roca al mismo tiempo.
Puños cerrados, que rompen mis entrañas, La luna me mira, expectante, sorprendida aún porque no me he colgado de su soledad con cuerdas de alambre… Y todas las noches me recuerda que ese tembleque en las pestañas es signo de que algún día nos vamos a encontrar.
Tengo el corazón colmado hasta el techo, lleno hasta el amanecer, pero a la vez tan vacío que da lástima… Lástima de ser un pordiosero que se arrastra por el suelo, que se cuelga de las cuerdas vocales del primer tesoro que le promete prosperidad, sí… ‘Menos palabras y más corazón‘-
Más respeto por los demás, considérate ajeno a tí mismo.
