
Y prendo otro puto cigarro, como si el humo llenara todo este espacio. La neblina ya no me estorba, ni el aletear de escarabajos. Al final, no soy nada más que un transeúnte que camina rozando el aire y las hojas que lleva el viento, es fácil mirar la vida desde el balcón, sin preocupación… tampoco importa mucho si sigues atado a las enredaderas que riegas hace tantos años, después de todo son las que mejor te conocen, las que mejor te abrazan.
Me gusta ver cómo va la vida, cómo avanza destruyendo todo a su paso sin culpas, destronando el falso trono del gentío subsistir, cada segundo, disfrutándolo como si fuese el último. A veces envidio su paso, siempre con una sonrisa despeinada y mirada simple, sin prisa alguna.
Y no sé por qué todo me sabe a poco. Que siempre llego a la deshora que marca mi corazón… será que el camino ya no es el mismo, que me basta con sólo escuchar tu voz…